3 años de aquel día

En el momento que me dijeron – te tenemos que provocar el parto- (Nerea había cogido un kilo en una semana por culpa de mi diabetes gestacional y podía complicarse una vez naciera por temas de bajadas y/o subidas de azúcar) supe que todo lo que me había imaginado sobre el parto, como sería, como iría ya empezaba a hacer aguas…

Porque vas a preparación al parto, a clases de yoga, lees libros, escuchas historias y buscas información. Te preparas un plan de parto con lo que quieres y lo que no quieres.

El nuestro lo hicimos en pareja, meditando y decidiendo todo a conciencia (lo tengo guardado y pienso regalárselo a Nerea con una carta).

Te imaginas ese momento, incluso lo idealizas o lo exageras. Piensas como te sentirás, lo que harás y lo que no… Piensas tantas cosas…

Y llega ese día… ya empieza diferente, ingresas en el hospital porque está programado sin haber roto aguas y sin dolores, estaba muy bien, pesada, claro (llevaba una niña de casi 4 kilos dentro y mas de dos semanas con contracciones de braxton muy fuertes) pero me encontraba genial. Además había podido prepararlo y organizar todo, casa limpia, todo preparado, trabajo adelantado para las siguientes semanas (si, jugaba con ventaja).

En mi caso me pusieron oxcitocina y me rompieron las aguas, todo esto controlado por monitores. ¿Nerviosa? claro, iba a conocer a mi pequeña… además iba a lo desconocido…

Empiezan las contracciones, cada vez más dolorosas y fuertes ¿estás bien? pues la verdad es que si… tengo tantas ganas de que pase todo y me he preparado tanto que lo llevo genial.

Pero no evoluciona como toca, mi cuerpo no quiere dar a luz, Nerea no quiere salir ¡No le toca! Me explican que tiene que hacer un giro con la cabeza para poder salir por el canal de parto pero que parece que no lo quiere hacer y el parto está estancado. Me encuentro genial, pero me explican que si me pongo la epidural mi cuerpo se relajará mas y así quizá acabe en parto vaginal ¡Mi gran deseo! Pues adelante, epidural para el cuerpo. ¿Que sensación más rara no?

Pero mi cabezota sigue sin querer nacer ¡Con lo agustito que se está dentro de mamá comiendo a todas horas!

Finalmente acaba en cesárea. No me obligan, no me convencen. Me lo comentan. Yo misma he visto como las pulsaciones de Nerea han ido cambiando y lo último que deseo es que le pase algo o ella sufra.

19:47 del 3 de abril de 2014 – tengo a Nerea delante, con los ojos abiertos y unos labios que parecen dibujados.

“Es perfecta… es morena… ¿está bien?” Esas fueron mis palabras al verla (con lloros por supuesto)

Se la llevan un momento a conocer a su Papá. Pesa 3.750 kg y mide 50.5 cm. Está sana, no le da bajada de azúcar. Puedo tenerla unos minutos encima. No hay persona más feliz en la faz de la tierra. Puedo estar con ellos juntos un momento.

A eso le siguen los 20 minutos más largos de toda mi vida esperando a que se me pase la anestesia (pido perdón a los enfermeros que tuvieron que aguantarme y escucharme relatar sobre que lento iba el reloj).

Subo a la habitación, llora… me está esperando. Simplemente la cojo en brazos la pongo sobre mi y deja de llorar.

Sabe que tiene que hacer, yo también. Duerme toda la noche en mi pecho.

IMG_3261.JPGTuve un postparto facil, la cicatriz curó muy rápido (no voy a decir que no dolía pero se pasa), la lactancia funcionó perfectamente (con la mastitis de rigor incluida) .

Tuve un bebé fácil. Comía, dormía (de noche) y de día demandante de atención y muy poco llorona. Visitas al pediatra las necesarias según calendario y en tres años solo hemos estado una vez en urgencias y porque había puente…

La “malacostumbré” a mis brazos, a mis besos, a domir con nosotros, a darle de comer cuando pedía, a jugar cuando quería, a todo lo que ella quería. A lo que yo quería, a lo que yo como madre sabía que las dos necesitábamos.

Tuve etapas en las que me daba rabia como había ido el parto, en que todo había sido al revés de como nos lo habíamos imaginado y ahora… 3 años después pienso…

¡¡¡¿¿¿¿¿en serio????!!! ¿en serio llegaste a pensar que no había sido un parto perfecto? ¿Acaso existe algo más perfecto que por fin tener a tu hija en brazos? 

Esa hija que tanto deseaste desde mucho antes de que existiera. Esa hija que ha estado sana y feliz desde el primer día.

Y tres años después puedo valorar todo lo que sentí y todo lo que siento.

Sé que aunque leas esto y hayas pasado por algo parecido solamente tú podrás llegar a tu propia conclusión. A valorar lo que viviste, a ver que la magia de todos los partos sean como sean es tener a tu hijo contigo.

Lo que si puedes hacer es disfrutar de cada momento, y a hacer todo lo que esté en tu mano para tener la vida que quieras tener, a querer y cuidar a tu hijo como quieras hacerlo, eso si que puedes controlarlo a sí que ¡hazlo!

 

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